Por qué tenemos miedo al agua

Por qué tenemos miedo al agua

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La mayoría de niños disfrutan con el agua y ansían sumergirse en ella. Lo pasan bien, juegan,se divierten se sienten ligeros y autonómos. Sin embargo, hay muchos pequeños que al acercarlos al mar o a una piscina sienten terror. Lloran y para muchos es un trauma que sus padres los lleven a clase de. ¿A qué se debe este comportamiento? ¿Es miedo a lo desconocido?IMG_2036[1] Según un estudio del Laboratorio de Psicología para el Deporte de la Universidad de León, los miedos provienen de la proyección de los miedos de los adultos sobre los pequeños, de la inseguridad física, de la anticipación mental del daño que pueden sufrir.O, también,del resultado de una mala práctica pedagógica al iniciarlos en la práctica de la natación. Esto puede llevar a que solamente pensarlo le produzca rechazo. Nosotros hemos comprobado como niños que sin conocer  nuestro espacio, ni a los educadores, han entrado por la puerta de nuestras instalaciones llorando,  pataleando simplemente por pensar en los efectos negativos que le han provocado otras experiencias. Es cierto que esto ocurre en niños más mayores, no en pequeños.

El miedo  al agua del mar o de la piscina no debe desaparecer del todo. Entendido éste no como fobia, sino como respeto. Pero vamos a ver cómo conseguimos que los niños con fobia al agua consigan superarla.  Partimos de la idea de que los niños deben disfrutar, divertirse con el agua. Entenderla como un juego y para eso deben ver y sentir que así es. En casos como los que hemos citado anteriormente en que los niños ya vienen con el miedo desde casa antes de conocer nuestro espacio, invitamos a los padres a que asistan con ellos de espectadores en nuestra Funny Room. Juntos, en un entorno terrestre desde  el que pueden contemplar como otros niños se divierten, juegan, ríen en su clase de natación. Descubrirán un espacio  amigable, con  juguetes, música, colores,dibujos. Esta primera toma de contacto, al menos, permitirá que no sientan rechazo al centro. Después iremos aproximándolo al agua.

Una vez en la psicina, los expertos aconsejan acercarlos al agua y dejar que poco a poco vaya subiendo a la altura del cuerpo que el niño no tolera. Por eso nuestras escaleras de descenso progresivo. En ellas el niño se siente seguro. Bajo supervisión de un monitor hay que dejarlo que vaya familiarizándose con el agua para que el miedo vaya desapareciendo. Los elementos acuáticos como pelotas, churros, tablas le ayudarán en el proceso. A partir de ahí cada sesión, basada en el juego, le harán ganar confianza en sí mismo. Seguridad, adaptación progresiva y juego. Tres claves que van a permitir combatir miedos y ganar en autoestima.

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